Deshaciendo la maraña legal… así reza un apartado de un artículo de Jane Van Galen, que bajo el título de “Becoming Home schoolers”, describe algunos de los procesos por los que transcurre la experiencia de enseñar en el hogar.

Este apartado, me ha parecido especialmente merecedor de una atención especial y por ello me permito traducirlo:

“Había un considerable nivel de confusión sobre la legalidad de la educación en casa a nivel estatal antes de la Sentencia del Tribunal Supremo de Mayo de 1985 en la que formalmente se establece que los hogares educadores pueden considerarse legalmente escuelas privadas. Antes de esta decisión los padres se enteraban de cómo educar en casa sólo a través de la “rumorología” de otros padres y la intervención de autoridades educativas comprensivas. Las autoridades educativas estatales, a pesar de que formalmente no impulsaban la persecución de la educación en casa, tampoco informaban a las autoridades educativas locales de las lagunas legales que permitían a los padres educar en casa legalmente. De este modo la tolerancia al homeschool era inconsistente. Las familias en algunos ámbitos educativos eran visitadas con frecuencia por las autoridades educativas o denunciadas ante los tribunales. En uno de los casos, el inspector de educación amenazó con retirar el ejercicio de la patria potestad a los padres e internar a los niños en un centro de acogida, una amenaza que los padres tomaron en serio. En otras zonas, los padres educaban en casa a sus hijos con el conocimiento, si no la aprobación implícita de las autoridades locales. Así que los padres recién llegados al homeschool estaban con toda lógica preocupados al no saber si se enfrentaban a algún tipo de problemática legal.

Esta situación afectaba a los homeschoolers y a su organizaciones de dos modos. En primer lugar, la ambigüedad legal y la amenaza real de persecución por parte de las autoridades locales que desconocían o no aceptaban las directrices no escritas a nivel estatal, contribuían a una sensación de desconfianza y de indefensión por parte de los padres que educaban en el hogar. La mayor parte de las reuniones de homeschoolers a las que asistí se dedicaba a problemas legales. Los recién llegados a la educación en el hogar eran aconsejados sobre las precauciones que debían tomar para evitar problemas con la justicia. El miedo a la persecución legal continuó durante todo el año que siguió a la Sentencia del Tribunal Supremo y elevó en gran medida las reticencias de los padres para cooperar con las autoridades locales en materias puramente pedagógicas.

En segundo lugar, antes de la sentencia del Supremo, las familias que educaban en casa tenían que organizarse formalmente con otros homeschoolers, tanto debido a las dispersión de la información legal como de otro tipo, y además tenían que obtener las cualificaciones exigidas por el estado para funcionar como escuelas privadas. Fue a través de estas organizaciones locales como los padre aprendieron además a cómo convertirse en profesores de sus hijos”.

A buen seguro este relato podría reflejar también en este momento la experiencia que viven gran parte de las familias que están educando en el hogar en el Estado Español. El texto recoge una investigación de la autora que tuvo lugar en un Estado del sudeste de Estados Unidos entre 1984 y 1985, precisamente en el momento en el que se produce la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos “The People v DeJonge”, según la cual el Tribunal considera anticonstitucional la exigencia de la obtención de la cualificación de magisterio, por violación de la cláusula de Libertad de Ejercicio. En este caso Mark y Chris DeJonge fueron arrestados y acusados del delito de abandono por educar en casa a sus hijos sin contar con la titulación requerida a los docentes.

Ref: “Becoming home schoolers” Jane A. Van Galen, SAGE Social Science Collections, Urban Education, 1988, 23 (1) pp. 89-106.