El dossier de prensa del boletín “Crecer sin escuela”

El dossier de prensa del boletín de Crecer sin escuela  contiene casi 100 elementos que se remontan en  el tiempo a 1984. Se trata de un artículo publicado en El Norte de Castilla  bajo la rúbrica de R. Serrano y titulado “La escuela en casa”. El artículo es descrito en el dossier en estos términos:

Presenta la organización británica “Education otherwise” (Educar de otra manera) y comenta muy por encima, por qué y cómo, de algunas familias. No hace ninguna referencia al Estado Español.

Otro de los reportajes iniciáticos de la época es el artículo de César Diaz publicado el 28 de mayo de 1991 en El Pais (Suplemento de educación). Este reportaje está disponible en la propia web de Crecer sin escuela en la actualidad, y ha sido revisado por  Jon Igelmo Zaldívar en su Pensamiento Pedagógico Radical.

El calculo de personas que optaban por la educación en casa en 1991 se cifraba en 40 familias!!

Un buen ejemplo de esos reportajes pioneros fue el realizado por César Díaz titulado Objetores del “cole” en Mayo de 1991 y publicado en El País. En este trabajo se recogían algunos testimonios de quienes empezaban a experimentar con este tipo de educación y que se inspiraban en la experiencia estadounidense y en los trabajos de John Holt. Karen, norteamericana residente en España, declaraba para el diario: “La libertad de pensamiento debe incluir la libertad de aprendizaje”.

En esos mismos años los datos existentes hablaban de alrededor de 40 familias españolas que participaban de la educación en casa en una situación de semiclandestinidad.

En 1995, un artículo del El Mundo redactado por Luz Perales bajo el título de ¿Pueden los padres negarse a llevar a su hijo a la escuela?, podría haber sido redactado esta misma semana:

¿Pueden los padres negarse a llevar a su hijo a la escuela?

Aunque la ley declara la educación como obligatoria, algunos jueces y fiscales dudan que no llevar a los niños al «cole» entrañe responsabilidad penal, mientras la Administración educativa considera que los padres podrían ser sancionados e, incluso, perder la patria potestad sobre sus hijos.

Por último, y para terminar el repaso a los mismos inicios del reflejo periodístico del homeschool en el Estado Español, no puede faltar un artículo de Abigail Campos para El Mundo, fechado el 15 de junio de 1997 y que relata en vivo y directo el surgimiento de Crecer sin escuela. Un artículo al que podemos acudir para reconocer el camino andado,


M A. CAMPOS

Más bien son herederos de los felices sesenta y la revolución. Vegetarianos y austeros, como Julio y Almudena, que, con sus tres hijas, abandonaron Madrid y sus trabajos estables para abrir en Oropesa del Mar (Castellón) una suerte de clínica donde profesionales de la enseñanza y de la sanidad se quitan de encima el peso del estrés. Ellos y otro puñado de familias españolas han decidido que sus hijos no tienen por qué ir a la escuela para aprender.

Sus casos fueron publicados recientemente en la revista Cuadernos de Pedagogía. Son realmente la excepción. Unas 50 familias de objetores escolares intercambian sus experiencias y dan a conocer su opción de vida. Tienen previsto editar su propia revista: Crecer sin escuela.

La objeción escolar es un movimiento en auge en los países desarrollados. Además de en Estados Unidos, en otras naciones, como Francia y el Reino Unido, es un derecho que las familias tienen reconocido.

¿Y en España? La legislación permite todo tipo de lecturas. Por un lado, la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE) establece de modo tajante que la educación es obligatoria hasta los 16 años. Con una interpretación estricta de la norma, los padres que optan por convertir su casa en una escuela están incurriendo en delito. La Constitución, sin embargo, abre una puerta. En su artículo 27.3, la Carta Magna establece que «los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo a sus propias convicciones».

Julio y Almudena defienden sin tapujos que la escuela es castrante para los niños: «Durante los primeros años de vida el niño aprende jugando, y a partir de ahí adquiere conocimientos, fantasías y lo demás. Otro de los problemas es que muchas de las taras que llevamos en el inconsciente provienen de nuestra propia historia escolar».

La objeción escolar no está tipificada como delito en nuestro país. Cuando unos padres, como decisión ideológica, deciden que sus hijos no acudan al colegio, sin que nadie pueda demostrar que existe abandono o dejación de sus obligaciones, difícilmente un juez puede imputarles un delito. Las sentencias emitidas contra padres se refieren siempre a casos de dejación de la patria potestad.

En el Ministerio se discrepa de la opinión de los jueces. Según sus servicios jurídicos, la educación en nuestro país no sólo es un derecho en su etapa obligatoria (de 6 a 16 años), sino también un deber. Un deber también contemplado en la Ley del Menor, de 1996. En su artículo 13.2, la norma establece que los poderes públicos pueden intervenir cuando descubran que un niño, durante la etapa obligatoria, no está escolarizado: «Cualquier persona o autoridad que tenga conocimiento de que un menor no está escolarizado o no asiste al centro escolar de forma habitual y sin justificación, durante el período obligatorio, deberá ponerlo en conocimiento de las autoridades públicas competentes, que adoptarán las medidas necesarias para su escolarización».

La escuela está preparada para atender a los niños en casos extremos. Un cuerpo de profesores atiende a los menores cuando están hospitalizados o convalecen en sus casas. Incluso los hijos de actores de circo tienen aseguradas sus clases gracias a maestros itinerantes.

Los servicios jurídicos del ministerio saben que sería difícil actuar contra una familia que sustituye la escuela por el aprendizaje en casa. El juez tendría que dilucidar si prima la norma o la libertad individual de los padres. De todos modos, la objeción escolar no representa un problema para las autoridades, según afirman. En Madrid, por ejemplo, no recuerdan ningún caso.

La Administración sí persigue con firmeza los casos de absentismo por dejación de los padres. Los directores de los centros, los inspectores, los ayuntamientos y la Fiscalía de Menores están coordinados en programas de compensación de desigualdades. Antes de actuar legalmente contra los padres, se pretende convencer a las familias, la mayoría de zonas deprimidas, de la importancia de la educación. Como último recurso, el juez. En Almería condenó en 1994 a 150 familias de las zonas más abandonadas de la ciudad a arresto domiciliario por desatender sus obligaciones de la patria potestad. La fiscalía solicitó entonces a las autoridades de Educación que pusieran en su conocimiento los casos de alumnos que acumulaban más de 40 faltas de asistencia. El ejemplo de Almería cundió en Granada y Zaragoza.

Otro caso es el del pueblo burgalés de Vilviestre del Pinar. Los padres de nueve niños se negaron a llevarlos al instituto de Quintanar de la Sierra, a siete kilómetros, porque consideran que en su colegio se puede impartir el primer ciclo de la secundaria obligatoria. Durante todo este curso, profesores voluntarios han dado clase a los alumnos en el Ayuntamiento. Ahora pelean con el Ministerio para que se permita a los niños examinarse.

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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

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