No todos los que educan en casa son anti-escuela

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Jornada Internacional per la Llibertat d’Educació

Traigo a este blog la traducción del artículo Home educators are not all anti-school, publicado en la web Home education in the UK. Creo que resulta muy adecuado en vísperas de la Jornada reivindicativa de la libertad educativa. El llamamiento es para todas las personas, sea cual sea el medio que hayan elegido educar a sus hijos e hijas. Según el manifiesto del JIPLI, el llamamiento se extiende a escuelas e instituciones educativas que plantean un modo de educación alternativo. No considero conveniente que se limite el llamamiento a la educación en casa, porque ese es un modo de patrimonializar una reivindicación que va más allá de esta opción y se extiende a todo el mundo educativo y a sus expectativas de futuro.

No todos los que educan en casa son anti-escuela

A veces parece que los que educan en casa son anti-escuela, e incluso anti-profesores. A mi personalmente me han venido con preguntas de este tipo.  Hay personas que dan por hecho que por haber decidido educar en casa discrepo e incluso rechazo el concepto de la escolarización.  ¡Y sin embargo es interesante que muchos de mis amigos y amigas que son profesores y profesoras muestran su entusiasmo ante la idea de aprender en casa! Quizás son más conscientes de los problemas que implica enseñar a 30 o más alumnos y alumnos en una clase, de diferentes edades y habilidades, muchos de los cuales no muestran el mínimo interés por aprender.

Yo personalmente me alegro de oir experiencias positivas en la escuela. Como persona que he disfrutado de una experiencia positiva en conjunto en la escuela y con hijos que han disfrutado del tiempo que han estado en la escuela antes de trasladarnos al extranjero, es reconfortante oir que muchos niños y niñas aún disfrutan de la escuela. Pero también me reafirma, por otro lado,  el ser consciente de que no todo lo relacionado con la escuela es de color de rosa. Nunca me había dado cuenta, hasta empezar a educar en casa de la cantidad de niños y niñas que no son felices, los incidentes aislados de bullying que aparecían en prensa me resultaban tan alejados de mi realidad que simplemente lo consideraba producto del amarillismo en prensa y de unos pocos niños infelices.

El lado positivo de la escuela

Es importante para mí conocer que ciertas actitudes negativas que he desarrollado frente a la vida y el aprendizaje son  fruto de mi escolarización, y más aún teniendo en cuenta que no hay nada en concreto que yo odiara de la escuela que inevitablemente hubiera afectado a mi juicio sobre la institución. Trato de ser ecuánime:  soy en parte producto de mi escolarización, aunque más  aún producto de mi experiencia familiar, y si tuviera que volver a vivir mi vida, casi seguro que volvería a la misma escuela.

La mayoría de nosotros hemos pasado 12 o incuso más años escolarizados, con experiencias positivas y negativas. Seamos justos y por ello agradecidos ante lo bueno y entristecidos por lo malo, y seamos conscientes de que no hay infancias perfectas, ni escuelas o casas ideales.

La mayoría de los padres y madres  hacen lo que pueden por sus hijos, la mayoría de los profesores muestran dedicación y apego, pero nadie es perfecto. Los problemas surgirán inevitablemente y nuestra responsabilidad descansa no en evitar los problemas, sino en encontrar medios constructivos para hacerlos frente.

He tardado mucho es pasar de pensar “¿Qué es lo que se están perdiendo mis hijos al no ir a la escuela?” por “¿Qué es lo que estamos consiguiendo como beneficio por no ir a la escuela?” en mi actual situación, que es pensar en la escuela como una opción junto con clases de música, deportes y semejantes. Cualquiera de las opciones puede ser apropiada para algunos niños o niñas en algún momento, pero no merece la pena preocuparse antes de que el propio niño o niña crean que lo necesitan. Ningún niño puede beneficiarse de todas las opciones existentes, por ello simplemente elijamos con cuidado según el interés y la capacidad del menor.

Adolescentes que van y no van a clase

Cuando oigo hablar de  los adolescentes que se juntan y charlan para realizar actividades en conjunto, aprendiendo unos de otros, me encanta. Pero a su vez, soy consciente de que hay adolescentes que padecen acoso escolar y sufren en su autoestima a la vez que padecen un excesiva presión para estar al día en el trabajo escolar.

Cuando oigo de niños que realizan proyectos interesantes en clase, y que disfrutan del aprendizaje cooperativo me encanta. Pero también veo lo que mis hijos están haciendo en casa, y del placer que experimentan al aprender a su propio modo, a su propio ritmo, en temas que les interesan. Diferentes sistemas se adaptan a diferentes personas, y ni la escuela ni la educación en casa es siempre la más adecuada para cada uno.

Cuando mis hijos eran más pequeños se esforzaban por ir a la escuela, incluso en lo más crudo del invierno, porque no querían perderse lo que iban a hacer. Ahora, veo en perspectiva que no todo era perfecto, había días en los que se aburrían, se sentían frustrados o estresados, pero eso también ocurre en casa. Casi no falté un día a clase cuando yo iba a la escuela, y aún recuerdo con afecto algunos de los profesores, aunque he olvidado la mayor parte de lo que aprendí.

Problemas de presión entre compañeros y compañeras

La mayoría de los que educan en casa están afligidos no por la escolarización o el ambiente escolar en sí sino por la creciente interferencia de la administración, la rigidez, la caída de la calidad educativa y la presión negativa que ejercen los estudiantes entre sí. Es cierto que hay enfrentamientos con los profesores, y que hay aburrimiento en las aulas, pero quizás lo más preocupante es lo que ocurre en el trato entre alumnos y alumnas en la escuela. La presión entre compañeros para fumar, tener sexo, tomar drogas va a peor, no mejora. Estas cuestiones son el acicate que nos mantiene firmes en nuestra decisión de educar en casa incuso en los días difíciles.

Mi hijo menor tuvo la oportunidad de volver a la escuela primaria durante un mes, cuando volvimos a nuestro país tras 18 meses de educación en casa. Le encantó estar en la escuela, pero vio por sí mismo los cambios negativos que se habían producido. Eso le convenció que, sin duda alguna, la educación en casa era el mejor método de aprendizaje para él. Me alegro de que tuviera una buena experiencia escolar, porque así la decisión de educarse en casa fue enteramente suya incluso más allá de la adolescencia, él lo entendió como la mejor entre dos opciones, y no como el mal menor.

Algunas escuelas son mejores que otras

Aún creo firmemente que algunas escuelas son mucho mejores (y más capaces de transmitir la idea de aprendizaje) que otras. Lo importante es que tengamos opción. No necesitamos atacar a aquellos que han optado por algo distinto – todos somos diferentes, y debiéramos vivir de modo amistoso unos junto a otros, independientemente de cómo hayan decidido nuestros vecinos cumplir con su responsabilidad  de educar a sus hijos e hijas.

Admiro y respeto a los profesores. He podido comprobar que la mayoría de ellos admiran y respetan a los que  educamos en casa. No necesito atacar a aquellos que hacen opciones distintas a la mía, porque me siento segura al saber que mi familia ha elegido aquello que le es más conveniente en sus circunstancias particulares.

Unámonos todos como padres y madres, estén o no escolarizados nuestros hijos e hijas y proclamemos la libertad de elección en educación, luchemos por escuelas mejores y por mejor información, de modo que cada familia pueda elegir lo que mejor satisfaga las necesidades educativas de sus hijos e hijas.

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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

Un pensamiento en “No todos los que educan en casa son anti-escuela

  1. Estupendo el artículo y magnífico el recordar que este día no es exclusiva de la educación en familia. Aquí en el estado español es cierto que surgió de las familias que educaban en casa y estaban asociadas a ALE, decidiendose realizar en Catalunya porque era donde existía la suficiente representación que hiciera visible nuestra presencia.
    Pero nunca nos presentamos como enfrentados a la escuela, por mucho que hubiera familias que habían tenido graves problemas con determinados colegios o con las autoridades educativas. La cuestión era aprovechar de sumar todo el entorno que estuviera dispuesto a favorecer una real libertad de educación.
    Recuerdo que por aquella época hablábamos mucho de la relación en Catalunya con la XELL (Xarxa per la educació lliure), y con los problemas que tenían las escuelas libres. Y siempre dijimos que era la misma guerra con diferentes frentes de batalla, hablando en esa jerga militarizada que muchas veces se nos pega sin quererlo.
    Pues eso, tenemos un mismo problema común con muchas especificidades diferentes. Y días como este sirven para visualizar el problema común.

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