HMD. Anexo 1. Manu Mediavilla (2005)

Me propongo rescatar artículos de la hemeroteca que son significativos para aportar más información a la serie de los diez capítulos en los que he ido desarrollando la Historia del movimiento desescolarizador en el Estado Español y que funcionarán como anexos.

Estos dos artículos publicados el mismo día por el Diario El Correo, en concreto el 7 de marzo de 2005 nos muestran aspectos importantes de este movimiento. Coinciden en el mismo artículo  Urgelés, Szil, Sibila y Xavier Ala.

Fuentes:

El diario de Leon (07/03/2005)

SPS (Sindicat de Professors de Secundària) (17/03/2005)

Educacionlibre

Padres maestros

MANU MEDIAVILLA/MADRID

El ‘movimiento sin-escuela’ español, que aglutina en torno a un millar de núcleos familiares, defiende su opción como «un compromiso al 100% de la familia con la educación»

«La educación en casa no es llevar el colegio al hogar», aclara Peter Szil, cofundador de la asociación Crecer Sin Escuela (CSE). Y apostilla: «Ser padre de niño no escolarizado no quiere decir que necesariamente seas maestro». Pero sí educador, en el sentido más profundo del término. Como remarca Joan Ramon Urgelés, presidente de la Asociación para la Libre Educación (ALE), «ante el discurso de que la escuela no está para todo y de que las familias tienen que educar, éste es un buen ejemplo de que algunas asumen esa responsabilidad al cien por cien». En concreto, cerca de un millar en nuestro país, cuando en Estados Unidos alcanza a millón y medio de niños.

«La gente que se pone, se pone, porque se juega mucho. No creo que nadie frivolice con esto», añade Urgelés, convencido de que esa alternativa «permite mejor la educación personalizada» de los hijos y de que tener «un profe que además les quiere compensa toda la profesionalidad» de la enseñanza reglada, cuya obligatoriedad rechazan esgrimiendo la Constitución. Aunque el desconocimiento y el vacío legal sobre la educación en casa plantean todavía problemas aislados de incomprensión social e inseguridad jurídica, al final, remacha, «los chavales son nuestra carta de presentación; es una opción de los padres, pero ellos la firman».

La suscribe a sus ocho años Leila, que «un día, a los tres años o así, junté las letras y era mi nombre», y que ahora «leo, escribo y me estoy inventando un cuento, y lo voy a vender, para no pedir dinero a mamá». Mamá se llama Helen, y hasta hace poco era conocida como Sibila, la firma con la que acaba de publicar el libro ‘Vivir sin cole’, que repasa las «bases teóricas y prácticas» de la enseñanza en casa y las escuelas alternativas. Ella misma engloba su experiencia en «toda una filosofía de la vida» cimentada en «valores-base como la fuerza interna, la autoconfianza y la interrelación entre nosotros y con el medio ambiente».

Motivaciones diversas

Leila y su hermano de 7 años Altair, que viven con su madre en una comunidad rural bautizada como ‘Finca Amor y Vida-Amor y Luz’, encajan en una filosofía que combina el aprendizaje natural con otras apuestas vitales como la meditación o la salud y alimentación naturistas. Pero ‘el movimiento sin-escuela español’, aunque pequeño, refleja otras motivaciones. «Es una opción transversal», precisa Xavier Alá, responsable en España de la norteamericana Clonlara School, escuela presencial alternativa que apoya académica y legalmente a las familias que educan en casa. «Al principio predominaban las razones religiosas y alternativas, pero cada vez hay más diversidad», añade.

Un motivo creciente son los problemas escolares. «Si lo hiciéramos bien, la gente no saldría corriendo del sistema educativo», apunta Xavier Alá. «La escuela no funciona», reflexiona María Antonia Pérez, que decidió educar a sus dos hijos en casa cuando vio que el colegio no daba respuesta a sus «ritmos, capacidades e intereses distintos» y que al fondo asomaba la sombra del «fracaso escolar». Ahora está encantada con su «vía experimental de enseñanza», que combina la Enciclopedia Álvarez y los libros de texto -aunque «la librería no te vende los del maestro»- con «algo del entorno cercano para que el aprendizaje sea vivencial».

En realidad, los ‘profe-padres’ también aprenden. Como dice Szil, «me ha servido para entrar en contacto con mi curiosidad, que los adultos tendemos a perder». Y el propio empeño educativo se va moldeando. Mila Valle puede dar testimonio de ello tras «desescolarizar poco a poco» a sus dos hijas vietnamitas de 10 y 9 años -el tercero nació en España hace dos y medio- al cabo de «un curso catastrófico en el colegio» en el que Mimi, la menor, se sintió abrumada por «el cambio, los problemas de la lengua y los insultos racistas» contra escolares inmigrantes. «El primer año en casa fue bastante duro -reconoce-, pero hemos ido aprendiendo de la experiencia y, al final, vale mucho la pena».

Protagonismo infantil

Esgrimen como mejor prueba dos expresiones frecuentes entre los menores no escolarizados: «Me gusta estudiar» y «queremos ayudar». La primera suele ir acompañada de una gran pasión lectora -Mimi cuenta que su hermana My Lan «se ha leído todos los libros de la casa»-, y la segunda tiene mucho que ver con el empeño en incluir las tareas hogareñas en el ‘currículo’ de los ‘sin-escuela’. «Los niños de ALE saben coser, se les prepara para la vida», enfatiza María Antonia Pérez, que también lleva a sus hijos de compras «para que se interrelacionen y tengan trato directo con gente adulta». Y en casa de Mila, Óscar ya tiene edad, con sus dos añitos, para echar una mano: «Hacemos pan, tartas y de todo, y al niño le damos su parte, para que ayude».

El protagonismo infantil es un argumento clave de quienes defienden la «educación en libertad» hogareña. Para Xavier Alá, ésta no es sólo «una opción de los padres que se debe reconocer y poder ejercer con mínimas interferencias por parte del Estado», sino que también «los niños deben opinar sobre su educación y tienen derecho a decidir qué tipo de enseñanza quieren». Para Helen, dar voz y voto a sus hijos es ley de vida: «El adulto no es alguien a quien temer, ni el pequeño un tonto que no sabe nada. Aquí se les escucha. Y ellos tienen la última palabra en sus cosas». El cariño materno-filial y un pacto de sinceridad ponen la guinda para «crear complicidad, que también mola».

«Dejar hacer es todo un arte», coincide el responsable de Clonlara School España, quien recalca que «el aprendizaje con coerción no es lo más recomendable». Con sus tres hijos, su método es «bastante anárquico», porque «todo, desde un paseo a un programa televisivo, puede ser un recurso educativo». Tampoco Urgelés sigue el currículo formal, pero aprovecha los libros de texto y trabaja en proyectos concretos de «aprendizaje comprensivo». Quizás, apunta, sea «un poco más lento, pero queda la mecánica de buscar información para satisfacer cada nivel de curiosidad». En la práctica, resume el presidente de ALE, «no se trata ni de seguir el libro ni de responder sólo a lo que se quiera saber. Hay gente que empieza por un lado, y gente por el otro, pero al final se produce cierta convergencia y todos acabamos en el medio».

«Moratoria laboral»

Muchos han hecho de la flexibilidad virtud, entre otras cosas, porque sus duras críticas a la escuela -«aparcaniños», «transmisora de comportamientos uniformes», «educadora para el consumismo y la mediocridad»- conviven con el
reconocimiento de que «la escolarización generalizada fue un logro social en España». No se trata, remarca Urgelés, de «quién es mejor o peor padre: es una opción, y nunca intentamos convencer a nadie de que la elija, porque tiene que salir de dentro».

Tan de dentro les sale esa «responsabilidad consciente de educar a sus hijos» que, como reconoce Szil, siempre implica algún sacrificio para «poder estar en casa». Pérez, psicóloga, interpreta en positivo su «moratoria laboral» y la merma de ingresos: «Los niños crecen austeramente, se hacen sus juguetes y aprenden qué tiene valor». Urgelés, cuya esposa ha cambiado temporalmente la medicina por la enseñanza hogareña, señala que «la gente tiene que adaptar su forma de vivir» y que «no hace falta ser rico: en la asociación no hay nadie, más bien ponemos esto por delante y nos apañamos con lo que tenemos».

Y la cubana Mila Valle, «curada de ‘titulitis’», ni se ha molestado en convalidar sus estudios de lengua, literatura y cultura rusa y vietnamita. «Podría trabajar de traductora -dice-, pero no quiero perderme momentos claves con mis hijos, que son mi proyecto más importante».

«Educar a un hijo en casa no es un delito»

Manuel. Mediavilla./MADRID

Peter Szil recalca que «los jueces siempre han fallado por reconocer el derecho de los padres, porque una cosa es no escolarizar por dejadez y otra asumir la responsabilidad consciente de educar a los hijos; eso crea jurisprudencia». María Antonia Pérez coincide: «El Código Penal tipifica los delitos, y no figura educar a un hijo en casa. Su abandono sí es delito».
Xavier Alá se muestra, en cambio, cauteloso ante la «situación legal ambigua», con «la Constitución abierta» a la enseñanza hogareña y las leyes y reglamentos más ceñidos a la escolarización obligatoria. Las autoridades educativas se plantearon esa alternativa en la reforma de la LOGSE, pero al final «la desestimaron», lo que mantiene a los ‘sin-escuela’ en posición «vulnerable», porque «los pueden denunciar a los servicios sociales o la Policía».

Helen ha vivido ya esa experiencia, que puede ser «humillante» cuando «los niños se sienten asustados por la intimidación». La primera denuncia le llegó en Madrid, «pero respondí que mis hijos estaban sanos y que la ley defiende mi derecho a no escolarizarlos; no me molestaron más». En Castilla-León volvió «la presión de los servicios sociales, que vinieron con la Guardia Civil; pero, cuando les dejé ver a los niños, se quedaron tranquilos».

Desde ALE, que se declara esperanzada con los contactos mantenidos con técnicos del Ministerio de Educación, la solución al actual vacío legal pasa, primero, por el «reconocimiento oficial» de la enseñanza en casa y, segundo, por permitir el «acceso a la titulación con exámenes por libre».
Hoy, la entrada al sistema es ‘sólo para mayores’: a los 18 años en el caso del Graduado y la ESO -«¿para qué esperar si estás preparado a los 16?», protesta María Antonia Pérez; «la ley no puede marcarlo por edad, porque hay estadios de maduración»- y a los 25 en la Universidad.

La educación en casa es legal en países como EE UU, el Reino Unido, Australia y Canadá. En los mediterráneos Francia, Portugal e Italia está reconocida y más o menos regulada. En Alemania y Holanda está prohibida.

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Un pensamiento en “HMD. Anexo 1. Manu Mediavilla (2005)

  1. He superado a medias una situacion de resistencia a la escolaridad formal, aca en Argentina la educacion es obligatoria pero a pesar de ello hay muchos niños que ni siquiera son educados en sus casas. En mi caso, madre de un niño de 8 años cada mañana me pregunto… donde aprende mas afuera o adentro ? y llego a la conclusion que en casa es “mas calido”…

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