La obligatoriedad de la educación según Simon Webb

Los británicos siempre que pueden, hacen gala de su proverbial sentido del humor. Simon Webb, al que ya me he referido en este blog en más de una ocasión hace en uno de sus posts una reflexión jocosa, que, sin embargo no está muy lejos de la realidad cotidiana :

¿Continuarían los padres enviando a sus hijos e hijas a la escuela si se abolieran las leyes sobre la obligatoriedad de la escolarización?. Probablemente sí que lo harían. Una gran cantidad de padres con los que hablo están deseando que llegue el momento en el que sus hijas e hijas tengan que empezar a ir a la escuela. A muchos les desagradan los períodos vacacionales escolares, especialmente los de verano por su extensión. Existe además la convicción popular de que los niños y niñas tienen que ir a la escuela a aprender.

La mayoría de los padres se asustan de las consecuencias que podría tener que su hijo o hija no se eduque dentro del sistema escolar. De hecho, la realidad así lo prueba, ya que a pesar de que los padres no están obligados a mandar a sus hijos e hijas  a la escuela (tal y como están las cosas de momento, por lo menos), lo hacen casi en su totalidad. Sólo una pequeña minoría no lo hace. Podríamos decir, por tanto, que la escuela tiene un gran predicamento entre los padres.

También tiene un gran atractivo para la mayoría de niños y niñas. Les encanta tener la oportunidad de estar un rato alejados de sus padres, encontrarse con sus amigos y amigas, y cosas por el estilo. ¡Creo que incluso algunos llegan a aprender allí.

En otras palabras, a pesar del hecho de que la escolarización no es obligatoria, y nunca lo ha sido, la abrumadora mayoría de padres y de niños y niñas están encantados con la escuela. Juraría que la situación no cambiaría lo más mínimo si se aprobara una ley aboliera incluso la obligatoriedad de la educación como tal. Las cosas continuarían exactamente igual que ahora.

En un tono humorístico viene a decir algo que Thomas Splieger comenta en su artículo  “Por qué las sanciones no tienen efecto disuasorio con respecto a aquellas personas que han decidido educar en casa: un análisis de la educación en casa en Alemania y sus implicaciones con respecto a las políticas de regulación de la educación en casa” (Theory and Research in Education, 2009;7;297) en tono académico, y es que el hecho de que si se retiraran las restricciones que están en vigor en lugares como España o Alemania para la práctica del homeschool,  no  se modificaría por ello perceptiblemente el número de personas que optan por educar en casa. Esta es precisamente la hipótesis que no contempla Web, ni ha tenido que hacerlo, al ser legal esta practica en su país.

La legalización conlleva dos temores. Primero, que se abrieran masivamente las puertas de la educación en casa si se aprobara su práctica. No hay duda que el número de familias que educan en casa aumentaría en Alemania con una política permisiva, pero incluso en tal caso, aunque  se duplicara o triplicara su número no dejaría de ser una pequeña minoría muy por debajo del 1% (Splieger, 2009)

Dejando a un lado las distintas  elucubraciones,  no conozco ningún estudio estimativo del impacto social de una política permisiva de la educación en casa, y el incremento del número de familias que se decidirían por hacerlo si estuviera plenamente reconocido tanto legal como socialmente. La impresión que tengo, sin embargo, al hilo de lo que dice Web, es que la escuela está asentada como institución, y que es difícil que el reconocimiento de otras opciones vaya a tener un impacto significativo en ella.

Este hecho debiera ser tenido en cuenta por el legislativo a la hora de plantear propuestas progresistas de reconocimiento de derechos, como lo ha hecho ya en el caso del reconocimiento de derechos a las  personas homosexuales y trasexuales. Dudo que por el hecho de que las operaciones de reasignación de sexo se financien desde la Seguridad Social, sea masivo el número de personas que decidan que ya que está permitido, no es mala idea hacerlo. El reconocimiento de derechos significa proporcionar a las personas aquello que necesitan para su desarrollo integral, tanto como personas como en tanto miembros de un colectivo, y no puede estar sometido a cálculos especulativos sobre la popularidad de la medida o su aceptación social por parte de la mayoría que ni necesita ni comparte la oportunidad el ejercicio de ese determinado derecho.

El reconocimiento legal, económico o social  lo único que hace es precisamente eso, reconocer que algunas personas y algunas familias “necesitan” otro tipo de educación para sus hijos e hijas, y no que la sociedad en masa va a desertar del sistema escolar y tener a sus hijos e hijas en su casa.

En su declaración frente a la Comisión de Educación y Cultura Parlamento Vasco en abril de 2008, un padre que educa en casa, Michael Branson, afirmaba que hay cuatro tipos de actitud con respecto a la educación en casa. Aquellos que querrían educar en casa pero no pueden hacerlo, aquellos que podrían hacerlo pero no quieren,  aquellos que ni quieren ni pueden hacerlo, y finalmente, aquellos que quieren y pueden hacerlo. Estos últimos son ciertamente una  inmensa minoría. Son las palabras sensatas de un hombre cabal.

Soy un hombre de pocas palabras, así que seré breve.

En  ninguna sociedad encontramos que toda la gente hace todo de la misma manera.  No tenemos el mismo trabajo.  No estudiamos las mismas carreras en la universidad.  De hecho, no todos vamos a la universidad.  No tenemos los mismos intereses, pasatiempos, hobbies, gustos de libros y películas y música, etc.  ¿Por qué, entonces, pensamos que es buena idea intentar encajar todos nuestros niños en una caja e insistir que aprenden todos  igual?

Estamos aquí para pedir la libertad de nuestra conciencia.  No queremos terminar con la escuela tradicional.  Para la vasta mayoría de los padres, es la única manera de enseñar a sus hijos.  Lo nuestro – la llamada “homeschooling” – sirve para una pequeña parte de la población.  Para hacerlo, hace falta dos claves – el poder y el querer.  Hay muchos que ni pueden ni quieren.  Hay los que pueden, pero no quieren.  Hay otros que quieren, pero no pueden.  Nosotros nos encontramos en el grupo pequeño de los que quieren y pueden, menos por el pequeño detalle de que cierta gente en posiciones de poder, opinan en contra nuestra. Por ello les pedimos a ustedes que reconozcan nuestro derecho y responsabilidad de educar a nuestros hijos en casa y en paz.

Muchas gracias por su atención

Michael Branson


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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

5 pensamientos en “La obligatoriedad de la educación según Simon Webb

  1. Si se permitiera el Homeschooling los españoles diríamos que el gobierno quiere ahorrar en profesores e institutos. Diríamos que la escuela será sólo para obreros, cuyas jornadas laborales inacabables no les permiten enseñar en casa (o sus limitaciones académicas). Diríamos que volvemos a la época en la cual sólo estudiaban los hijos de los nobles. Pero, claro, eso nunca ocurrirá, ya que ningún gobierno se atreverá a perder votos por “bombardear” a la escuela. No se trata de “permitir” el Homeschooling, sino de “regularlo”, mediante una normativización del sentido común que dote a las instituciones educativas de herramientas y recursos humanos para comprobar que los homeschoolers están atendidos y cumplen unos mínimos exigibles según la constitución/estatutos de la competencia educativa vinculante.

    • En mi país esto no es tema. Sólo 60 familias educamos en casa. La pregunta a mi juicio, es más amplia ¿Qué significa una educación que genere igualdad de oportunidades?,¿Cuál es el “piso” mínimo que debemos asegurar para todos los niños con independencia de su capital cultural, social o económico?. Hoy ese piso no lo asegura la escuela. Los niños homeschoolers provienen de familias con capitales altos. ¿Por qué no preocuparnos de aquellos a los que no se les entrega siquiera el mínimo, cualquiera sea el dispositivo que utilicemos para asegurarlo?

  2. Gracias por tu opinión Santi. Seguro que este debate está lleno de matices e interpretaciones, bienvenidos sean todos!. Un saludo. Madalen

  3. Jajajajajaja Madalen, me ha encantado y hecho gracias claro, cuando dices refiriéndote a Michael: “Son las palabras de un hombre cabal”.

    Good for you y gracias por tu trabajo por informar y difudir el homeschooling.

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