Respuesta Juan Carlos Vila al escrito de Santiago Cabedo

El domingo 14 de febrero de 2010, Juan Varlos Vila desde su blog “Cuadernos desde el escaque” publicó una respuesta al escrito de Santiago Cabedo, que fue publicado en este blog en su momento. Creo oportuno que la respuesta sea también publicada del mismo modo, y no como un comentario a la entrada en la que se publicaba el escrito de Cabedo, como en un principio fue la opción de Vila. Así podemos disfrutar con más tranquilidad de una respuesta muy ajustada al propio texto que la provoca. Mi enhorabuena a los dos.

Fundamentando éticamente la educación en familia

Este texto es respuesta al de Santiago J. Cabedo Cercós, Fundamentos para una ética del Homeschooling, publicado en los blogs de Madalen Goiría y Carlos Cabo.

Estando en algunos de los puntos de acuerdo con el análisis de Santiago, y no pudiendo sustraerme a comentar este artículo por mi doble condición de padre que ha educado en familia, y de filósofo que avanza en la ética como camino de investigación, tengo que objetar algunos puntos de esta Fundamentación Ética.

La división de Kohlberg siempre me ha parecido que ponía en juego cuestiones complejas, como es la de la justicia, máxime relacionado con la felicidad. Pero ya que es el marco elegido voy a procurar moverme en él dentro de lo posible.

Primera objeción. Hay familias, y no pocas, preconvencionales y convencionales que educan en casa. Las primeras porque precisamente ven en la escuela tradicional un fracaso que les lleva a tomar ellos mismos las riendas de la educación. Y en el segundo, porque imperan criterios de priorización de lo familiar frente al cumplimiento de la leyes y de las conveniencias sociales. Obviamente la mayoría es posconvencional, pero creo que aplicar esta división a las familias que educan en casa no conlleva ninguna mejora en la comprensión de las razones que se tienen para tomar una decisión como esta, y el como se lleva a cabo. La razón fundamental es que la teoría del desarrollo moral comprende una evolución, son estadios dentro de una misma persona, y en este caso se lo estaríamos aplicando a un conjunto social para analizar un momento histórico concreto.

Segunda objeción. El proverbio africano es una de las frases que más se utilizan, sobretodo entre los que educan en familia. La razón fundamental es que se trata del convencimiento de que es el conjunto de la sociedad quien está o debe estar encargado de la educación de los retoños. Ese conjunto social es el todo social, no hay otras cosas fuera de la tribu; comprende sociedad civil, estado (o poder establecido), estamentos si los hubiera, familia, etc… Y es porque todos deben aportar al crecimiento de los nuevos componentes de la tribu, ya que los conocimientos y vivencias de todos y todas son imprescindibles para el funcionamiento de la tribu. Trasladado a la educación en casa, significa que no es una educación reducida al ámbito doméstico, encerrado en él, como tampoco lo es en el ámbito de la escuela. Se abre a las enseñanzas que todas las personas pueden y deben aportar a esa criatura a lo largo de su proceso de personalización. Por ello los conocimientos pueden ser tomados de las circunstancias más insospechadas y por los métodos más extraños; se trata de incorporar al recién llegado, o sea que pueda introducirse en el cuerpo social, o en la tribu.

Tercera objeción. Y llegamos a la paradoja de los mínimos. Paradoja porque las expectativas se minimizan, priorizando una mayor adaptabilidad a lo dado en la sociedad. Creo que esto no es aplicable en ningún caso a la educación en casa. La razón, pues que esta opción requiere riesgos, estar dispuestos a ceder ciertos niveles de uno de los grandes males de la modernidad, el deseo desaforado de seguridad. Arriesgar es la capacidad de la persona para la búsqueda de mejoras, es la reacción básica a la esperanza, es el motor de la humanidad. Y si algo requiere en este momento la opción de la educación en familia es la voluntad de riesgo; arriesgarse a educar cuando todos nos dicen que no estamos preparados; arriesgarse a hacer lo que no está bien visto; arriesgarse a configurar un modelo familiar que no está de moda.

Cuarta objeción. El paradigma de la modernidad es la escuela, y la escuela como productor de productores y consumidores, basta con dirigirse a Adam Smith y comprobar que él mismo consideraba la institución escolar como la gran fábrica de conciencias productoras/consumidoras. Otra cuestión es que en algunos honorables casos se ha repensado la escuela dandole posibilidades más que aceptables, con modelos educativos que la hacen deseable; Montessori, Milani, Pestolazzi,… Pero la modernidad es la que impone progresivamente el modelo escolar existente, no nos engañemos.

Quinta objeción. La idea central del texto dice que “el problema no está en las motivaciones, si son religiosas, pedagógicas o ideológicas, sino en detectar si cruza o no el límite ético de mínimos, es decir, si incumple alguna de las dos premisas que garantizan justicia para con el hijo, a saber, que pueda desarrollar en el libre ejercicio de su deriva personal su autonomía y su dignidad.” Cruzar este límite es un mínimo por debajo del cual estamos tratando al otro como cosa, como objeto, por lo que a penas estaríamos pidiendo comprobar si consideramos a nuestros hijos e hijas, personas. La cuestión es saber si el desarrollo de personalización, su crecimiento personal, se hace con qué criterios, y la cuestión estaría, de hablar de fundamentación de una ética, saber cuales son éstos y como se desarrollan. Entrar en ello es terreno complejo, evidentemente.

Y sexta objeción. La dignidad no se confiere sino que se tiene, es la justicia la que debemos buscar, así como la felicidad. Son nuestros objetivos, son nuestra esperanza, virtud entre las virtudes la más preciada.

Definir cuando es responsable, y más allá, éticamente responsable, la opción por el HE, es un trabajo por llevar a cabo, aunque en este trabajo se dejan ya entrever algunos aspectos importantes que sólo he pretendido matizar a través de objeciones que pueden sostener un posible debate al respecto. Desde “dentro” las cosas se ven distintas, es cierto, pero siguiendo el planteamiento de que es la tribu completa la que debe tener atribuciones educativas, debemos recibir elogios y críticas desde “fuera”. Lanzarse a educar es una aventura, ser maestro es una responsabilidad enorme, pues es una cualidad que nos confieren los demás, y nunca nosotros a través de un título, o el estado a través de una oposición, y ser padres que forman y educan es un riesgo, un maravilloso riesgo.

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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

9 pensamientos en “Respuesta Juan Carlos Vila al escrito de Santiago Cabedo

  1. Por alusiones,
    1ª objeción: con tu frase “la mayoría (de padres educadores) es posconvencional” me das la razón. Gracias.
    2ª objeción: yo no he dicho que la Educación en el hogar se reduzca a ese espacio. Léete el texto y verás que escribo algo acerca de todos los implicados en la educación.
    3ª objeción: sí, uno de los grandes males de la modernidad es el deseo desaforado de seguridad, ya lo dijo Giddens (“Consecuencias de la modernidad”), pero bendita modernidad que nos permite criticarla y proponer opciones más éticas para subvertirla (como por ejemplo, el Homeschooling).
    4ª objeción: Adam Smith me es tan simpático como a ti y creo que mi crítica a la sociedad de consumo y a su concepción comercial de la familia y de la educación lo deja bien claro.
    5ª objeción: el “desarrollo de personalización y crecimiento personal” es compleja cuestión, sí, pero no he pretendido tratarla en el texto, tal vez en el próximo.
    6ª objeción: la dignidad “se tiene”, claro, o… no se tiene, depende de si los demás te valoran o no como humano, ya que dignidad es el valor de lo humano (que no el precio). Bonito tema, pero creo que la dignidad sí se puede conferir o negar.
    Epílogo: No trato de elogiar o criticar, es algo que tú, como filósofo, seguro que sabes. Intento arrojar luz (aunque sea “desde fuera”) sobre un fenómeno que me apasiona y que encuentro que marcará la vida educativa de los próximos años. Agradezco a Madalen y a Carlos que me hayan acogido en ese “fuera” que nos permite avanzar con la máxima objetividad y rigor posibles, aunque a veces sea vista nuestra tarea como una injerencia caprichosa. Muchas gracias a todos los que habéis leído mi artículo (y a los que no, que bastantes cosas tenéis que hacer ya), incluido a ti, Juan Carlos. Un saludo cordial,

    Santiago J. Cabedo

  2. Es una conversación muy interesante. Ya había leido tu artículo inicial, Santi, y ahora leí tu respuesta, Juan Carlos, y la de seguimiento, Santi.
    En lo que a mi respecta quiero dejar claro primero que los dos me caéis muy bien (y no lo digo por “hacer la pelota” eh), es porque el ver que a) una persona como Santi, que es profesor y que se toma tanto interés en algo que en mi familia hacemos/vivimos, pues creo que cualquiera (al margen de si está o no de acuerdo con tus observaciones e hipótesis) debe agradecer. Tengo esa acorazonada de que este es un punto clave en el ayer y el mañana de la educación, a pesar de que tengo que recordarnos a todos que esto es tan antiguo como el hombre. (Sabían que Agatha Christie fue educada en su casa?), pero a lo que vamos. Estaba elogiándoos y voy por la b) a Juan Carlos, que en calidad de padre que educa en el hogar y filósofo, igualmente aporta una opinión de primera mano al debate.
    Ahora me voy a meter a hablar yo, y espero como Santiago pide que me tengáis paciencia porque es posible que no haya captado en toda su profundidad algo o varias de las ideas que expresásteis ambos. Y eso que soy Licenciada en Filosofía y Letras por la Complutense (donde no aprendí mucho de nada pero algo de poco que me sirvió para continuar aprendiendo ya de vieja. La filosofía y el pensamiento crítico lo considero algo ajeno y dificil para la mente de un joven). Luego fui profesora de primaria de kindergarten, primero y segundo por seis años, en Houston, en colegios públicos. Y en la actualidad educo a mis hijas en casa (a pesar de que todavía no llevamos materias de tipo colegio ‘convencional’, porque considero que kindergarten es desarrollo de hábitos, costumbres, valores, y conocimiento del mundo a través del juego, lectura, escritura voluntaria, dibujo, ejercicio, valoración de la música y artes, y de hacer cosas en familia, que es como se aprende hasta al menos los seis años en mi opinión).
    Aquí va lo que a mi entender he ‘detectado’ en tu artículo original, Santi. Tu hablas dando por sentado digamos que los colegios públicos y privados educan, o son una opción educativa, y que el homeschooler debe mostrar unas cualidades, algo que llamas ‘rebelde responsable’, que deben ser familias que no indoctrinen, para que respeten y traten al niño con justicia. Pero tengo que preguntarte algo, ¿tu consideras que cuando una familia no educa en casa no indoctrina, que su opción es responsable, que la educación ya se adscribe a unos mínimos por el hecho de ‘soltar a los críos en un centro’? Sé que no es esta la realidad de todos los padres ‘convencionales’, digamos, pero es que mi punto es que el debate lo estamos teniendo entonces en el ‘ring’ equivocado. Tú te enfocas en el ‘homeschooling’ pero a mi tu escrito me parece genérico a toda familia y a sus hijos. Es como si porque educamos en casa todos ahora quieren (bueno, no tanto, algunos sugieren) que debemos presentar mínimos, que debe haber regulaciones, que si esto o lo otro. Lo que yo digo siempre es que dejen la lupa sobre nuestros hogares y que miren a lo que son las ‘FAMILIAS’ de cada sociedad, país, comunidad, y que si pueden (¿hasta que punto podemos regular la intimidad, verdad?) se aseguren de que todas proveamos a nuestros hijos de amor, un ambiente en el que puedan ser felices, educación…
    Es como grupos (Los menonitas), otros que declaradamente fueron sectas donde se convirtieron abusos. Los menonitas por supuesto que tienen casos de injusticia, indoctrinación, pero por lo general son respetuosos y viven entre el resto sin conflictos, y cuando hay casos todos nos indignamos, queremos hacer que se ‘normalicen’, pero mira a tu alrededor, sin más a tu familia, cuántos casos conoces de mujeres (y algun que otro hombre) maltratados, niños abusados, injusticias.
    Es como si varios matrimonios dijeran vamos ha tener lo que se llama una vida familiar en comuna, en comuna trabajaremos, en comuna atenderemos las necesidades de nuestros hijos y pareja, etc. Y el estado, gobierno, autonomia o algo quisiera ver que cumplen con unos minimos en su matrimonio por el simple hecho de que no estan incorporados a la sociedad en lo que respecta a establecer sus actividades como matrimonio y familia. No van a nuestros hospitales de gobierno, no pagan impuestos (como los menonitas, dicho sea de paso), etc. Cuando un grupo se demarca, como nosotros los homeschoolers, claro que el grupo mayoritario del que se independizó tiende a querer saber, conocer, a veces controlar, y en el peor de los casos meter baza para ganar monetaria y políticamente (que no hay dia que no deje de decirlo, verdad, ja ja ja).
    Bueno, no se si la comparacion sea valida, no se siquiera si esto sea lo que Santi expresó primero. En cualquier cosa me criticais con confianza, eh, pero con cariño también.
    Gracias Madalen por ofrecernos toda esta informacion de primera.

    silvia

  3. Es interesantísimo lo que dices, silvia. A ver, yo vengo a decir que el Homeschooling representa una opción más desarrollada desde el punto de vista ético (al menos, así lo demuestra que la mayoría de padres educadores sean posconvencionales y que la mayoría de los que delegan la educación sean convencionales). ¿Quién dice que la escuela enseña mínimos? Yo no, desde luego. Por eso al principio del texto digo que tengo la sensación de desgarrar la mano que me da de comer. Hasta la Unión Europea se ha dado cuenta de esto y nos pide a los profesores que diseñemos nuestros currículos en base a unas “competencias básicas”, porque se ha percatado de que los escolares “no tienen virtud”, es decir, no tienen empuje, coraje, aliento (en el sentido tan bonito de “strength”) y piensan que este nuevo remiendo devolverá a los alumnos la motivación intrínseca (cuando el problema es el propio sistema). Claro que todo lo que digo es aplicable a todas las familias, totalmente de acuerdo, lo que pasa es que creo que el Homeschooling es el escenario idóneo para enseñar mínimos en ese sentido de virtud-strenght. Yo tampoco hablo de “presentar” mínimos o de “regular”, porque eso sería un procedimiento legal que se escapa a mi humilde -y diferente- propósito: demostrar científicamente que el Homeschooling ofrece una oportunidad para educar en el coraje, la autonomía o la ilusión, cualidades que la escuela ha olvidado y que algunos, tal vez por vocación profesional tal vez por dignidad humana, no cesamos de anhelar. Me parecen tus comentarios de una altura profesional y humana muy considerable. Un saludo.

    • Santiago, ojalá y pudiéramos sentarnos a tomar un café y charlar. Ya voy entendiendo, es que no te había oido expresar lo que intentas, y me maravilla tu empresa quijotesca. Una autora llamada Ruth Beechick, maestra desde los 19, y con el tiempo madre que educó a sus hijos en casa (no desde el comienzo, pero por años), es una persona de una calidad humana y profesional como tu me atribuyes, pero de verdad, y ella propone que los padres que hayamos educado en el hogar, y nuestros hijos que así lo deseen, deberíamos ‘tomar’ las escuelas públicas de nuevo, que nuestra mentalidad y eso que llamas empuje o coraje, ‘strenght y will yo diría también, algo así como ‘ganas’, que podríamos revolucionar el sistema desde dentro.
      Tu posición tan particular y tan loable me recuerda a la de John Holt, amado y odiado por el sistema, galardonado como el mejor profesor del distrito a la vez que atacado por la directiva de su colegio que quería deshacerse de él. Pero si trabajas en España no veo que tu puesto peligre (ja ja ja), esto es porque tuvo un enfrentamiento de poder con el director ya que aquí las escuelas no sólo se financian con dinero proveniente del estado, sino por espónsores (a falta de una palabra más adecuada que se entienda menos, como mecenas), y este señor, John Taylor Gatto, no era posconvencional sino subversivo para el sistema. Claro que no se quedó desamparado, sino que publicó libros y como tenía una visión de la vida frugal es muy curioso como en un periódico vio un anuncio de un terreno con una cabaña en medio barato por desatendido, y poco a poco lo comenzó a habilitar para él y su esposa. Al no haber tenido hijos pero sí mujer, nunca se quedaron a la intemperie y en realidad no pudieron despedirle que es lo que intentaron alegando abandono de su puesto en un día en que pidió permiso para ir al doctor.
      Es un señor muy interesante, pero más lo son sus estudios y escritos sobre la historia de la educación en América, su experiencia en las escuelas, y sus críticas al sistema (que no a los profes, por supuesto).
      Según Gatto para cuando los niños llegan a tercero ya están desahuciados.
      Me gustaría también aportarte algo de lo que percibo por aquí. Yo veo familias que no son posconvencionales, sino convencionales, y que educan en casa como lo harían en el colegio. En verdad muchas no lo hacen por las razones que tú comentas y muchos compartimos (no matar el amor por aprender que tienen los niños, ilusión, motivación…) lo hacen por razones más simples (conveniencia), o por evitar el ‘mal mayor’ del colegio.
      Hace un tiempo leí que los hs somos de tres categorías, pioneros, “settlers”(digamos los que acampan), y refugiados. Los pioneros son los que tienen la mentalidad que tú propones. Se alejan de lo convencional y conquistan nuevos territorios. Van a hacer hs-ing pase lo que pase, con y sin aprobación, con y sin oposición, tienen claro lo que quieren y se adentran en la aventura. Los que acampan son aventureros también, pero van por rutas ya exploradas, lo hacen de forma más a pelo o más cómoda, y aprovechan lo que los pionereos han establecido, no se animarían si tuvieran que arrancar ellos, pero como ya están las instalaciones, etc. solo necesitan un poco de su parte y si les gusta el sitio se quedan, si no se van a otro lugar o regresan a sus casas (el cole), y los refugiados lo hacen porque vienen huyendo de los coles donde abusan y acosan, donde aprenden cosas que no quieren. Los que acampan se me olvidaba, lo hacen también porque les atrae la buena prensa (se dice que superan en resultados en los exámenes bastante los hs-ers a los otros estudiantes). Claro que no creo que todos podamos identificarnos puramente en una de estas tres categorias, se sobreponen, y podemos transitar de unas a otras. Por eso pienso que son los ‘pioneros’ los que tienen la mentalidad posconvencional, muchos de los ‘refugiados’ son igual de convencionales que los demás, solo ponen un pequeño cambio o parche al asunto. Claro que en el camino de educar en casa, incluso cuando se usen métodos arcaicos, sea porque la dinamica familiar lo exige, porque al pasar muchas horas nos volvemos mas expertos en los hijos, o vaya usted a saber ahora sin investigar un poco cuales son todas las razones de fondo, muchos se dan cuenta de que esto es algo mas que el cole en casa y en una cajita de materiales, ah, amigo, es que es una forma de vida, es que si ves a tus hijos te das cuenta de todo lo que tienen dentro, lo que saben, que amor tienen por la educacion verdadera y como una madre sin estudios, que nunca habia leido ni siquiera Harry Potter, se encuentra leyendo teorias de la educacion y libros que le abren todo un mundo a sus 30, 40 y hasta 50 años y resulta que en unos años se ha convertido en una educadora como la copa de un pino!
      Y de virtud te puedo soltar otro ‘tomo’, ha ha ha, pero lo dejo por hoy y ya sigo la conversación que me divierte y educa. (Ay que ver como somos estos padres que educan a sus hijos y estos maestros idealistas, eh.

      Y de nuevo perdón por la falta de varios (bastantes ;) acentos, es que me retrasa bastante, pero prometo que los sé poner, eh.

      Silvia

  4. Tranquila por lo de los acentos y las ha ha ha, que yo no soy tan partidario de reglas o normas (ni siquiera las ortográficas), lo importante es entenderse (uso pragmático de la lengua)y creo que nosotros nos entendemos que da gusto. Mira, lo de mi puesto de trabajo, no creas, porque no soy funcionario, trabajo en un cole privado religioso, así que me la juego (me arriesgo, como bien decía Juan carlos), pero eso es lo que tiene la posconvencionalidad, la desobediencia responsable. Soy un rara mezcla de cristiano, progresista y justiciero, qué le voy a hacer… Un saludo cordial, silvia

  5. Santi, mis objeciones no son anti- sino custiones que considero dejas abiertas, sin cerrar o como quieras llamarlo. Pero en la última objeción creo que necesito reforzar el disenso contigo; la dignidad no se nos da, la tenemos por el hecho de ser personas. Perderla o poder no tenerla nos deja ante la posibilidad de que sea justificable el ser medio y no fines en sí mismos, ser objetos y no siempre sujetos.

    Y esta vez a ambos. Hay dos caminos que se abren ante nosotros; vivir en sociedad o salirnos de ella. Si nos salimos debe ser con todas las consecuencias y no querer optar por las ventajas que nos otorga la sociedad igualitaria en la que vivimos, y no querer las obligaciones. Si queremos quedarnos debemos aceptar al menos unos mínimos de control, y por eso el HS debe ser regulado. Ahora bien, yo creo que debemos lanzarnos a la búsqueda de un mundo diferente donde la responsabilidad es lo que prima, donde las personas saben lo que tienen que hacer, y vivir en comunidad se convierte en la manera idónea, desaparece el contrato social y aparece la responsabilidad comunitaria.

    El HS es una respuesta y una opción al sistema educativo liberal, pero puede ser tan malo como él.

  6. Vaya, no puedo estar más de acuerdo contigo. Sí, creo que en algún momento entendí que decías que la dignidad era como una esencia humana, inmutable o algo así. Desde luego, tengo que admitir que tienes razón, la dignidad la posee de suyo el ser humano, por eso la reivindicamos para todo el mundo (hay sociedades en donde las mujeres, una casta inferior o determinadas minorías no son considerados personas y se les niega el valor humano, es decir, la dignidad). Por otra parte, me alegro de que admitas la necesidad de esos mínimos (que para mí, como sabes, serían autonomía y dignidad -o reconocimiento de la propia dignidad, si prefieres-) pero permanece abierto a consenso. También de acuerdo contigo en que el HS puede ser tan malo -sino peor- como la escuela, de ahí mi pretensión de delimitar el buen y el mal HS, y que como sabes, acabo por indicar que, según creo, el legítimo sería el que plantean padres posconvencionales con sentido responsable, que no adoctrinan y facilitadores de autonomía a sus hijos. Así pues, no hay modelo idóneo, sino responsabilidad idónea, podemos decir. En mi texto trataba de decir que existe una fundamentación ética del HS, que no es una moda o una rabieta de padres maniáticos, sino una opción que -observando determinados mínimos- es legítima y responsable. Gracias por tu atención, Juan Carlos, un placer. Te invito a que escribamos juntos sobre el tema.

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