Entrevista # 9: Carolina

Carolina es  cacereña,  pero pasó la mayor parte de su infancia en Madrid. Es  licenciada en filología hispánica y tiene un doctorado en letras. Ha vivido en varios países y ha tenido varios trabajos: au-pair, profesora de español, redactora de una revista, traductora y editora. Pero ahora que es  madre considera que no hay nada mas importante ni significativo que estar cerca de sus hijos, sin poner su educación en manos ajenas. Cuando fue au-pair pasó muchas horas cuidando a niños de otros y se dio cuenta de que nunca seria capaz de quererlos tanto como si fueran suyos.
Vive en el Estado de Nueva York, a una hora de las cataratas del Niágara.  Carolina nos comenta que “Una de las cosas más bonitas de esta zona es la omnipresencia del arce, un árbol con fuerza y que nos proporciona un sirope dulce y cristalino”.
Su hijo mayor tiene 6 años… “Con lo que queda dicho que apenas estoy empezando esta andadura de educar sin coles. Voy paso a paso, año a año”.

Hola Carolina, gracias por dejarnos tu testimonio.

Para empezar, unas preguntas que nos ubiquen en tu familia.

– ¿Cuánta gente forma tu familia?

Somos cuatro: mi marido, Jimmie, nuestros dos hijos (Jaime, 6 años, Samuel, 3) y yo.

– ¿Y todos han sido educados exclusivamente en casa o han estado alguna vez escolarizados?

Solamente en casa.

– ¿Y cómo llegasteis al homescholing? ¿Fue una opción que siempre os habíais planteado o todo cambió al llegar los niños?

Hace muchos años, viviendo yo en Alemania, oí hablar de varias familias mejicanas cristianas que no escolarizaban a sus hijos para evitarles malas influencias. Aquello me pareció una locura y me pregunté cómo podía existir gente tan fanática y exagerada. Yo soy una persona muy académica y recuerdo con agrado –en general- los años escolares. Aprendí bastante en el colegio, y jamás se me pasó por la mente la idea de que existiera otra forma de formarse académicamente.

En 1999 pasé un año en México y conocí personalmente a varias de esas familias educadoras. Me di cuenta de que los niños de esas familias eran totalmente normales, sociables, alegres, bien educados y con un buen nivel académico. Entrevisté a dos de las madres, y ellas me aclararon muchas cosas. Además, tuve oportunidad de oír a una señora de EE.UU. que ofreció una charla sobre el tema. Todo esto hizo que desaparecieran mis dudas sobre ese tema, y desde aquel entonces consideré que la educación en familia era algo bueno.

Después de mi estancia en Méjico viví dos años en Costa Rica. Allí conocí a un par de familias educadoras. Eran todas de Estados Unidos, pero residentes allí. Sus hijos también eran niños totalmente normales; no había ningún bicho raro. Nuevamente entrevisté a una de las madres, con lo que se confirmaron mis sentimientos a favor de este método educativo.

Ahora vivo en los Estados Unidos, pues mi marido es de aquí. Al principio de mi estancia aquí tuve la oportunidad de conocer de cerca de una familia con hijos no escolarizados. Observé su horario y su manera de hacer las cosas y llegué a la conclusión de que la educación en familia es algo llevadero: no son tantas horas de clases como yo habría pensado, no hay que ser perfecto ni saberlo todo, es algo flexible…

Creo recordar que desde que nació nuestro primer hijo, mi marido me expresó su deseo de que fuera educado en casa. Yo estaba de acuerdo con él, pero tenía ciertas dudas, pues me parecía muy “atado” para mí. Además, no estaba segura de poder enseñarles a leer y a escribir a mis hijos en inglés. Por eso, llegado el momento, se me pasó por la cabeza la idea de mandar a mi hijo mayor al colegio a cursar Kindergarden, que es cuando les enseñan a leer. Pero algo en mí me dijo que no estaba bien que un niño de cinco años pasara tantas horas separado de su familia, pues la familia sigue siendo lo más importante para un niño de esa edad. Al final, mi hijo mayor está leyendo perfectamente en inglés, y puedo decir con orgullo que le enseñé yo, al igual que a mí me enseñó a leer mi madre.

Como aparecía reflejado en la encuesta que realicé a 18 familias hace casi dos años, una de las dificultades que afrontan las familias que educan en casa es la incomprensión del entorno, tanto familiar como de amigos o incluso de la gente de la calle.

– ¿Qué dificultades has encontrado en esta aventura de educar en casa?

Mis dificultades no tienen nada que ver con el entorno, pues en EE.UU. la educación en familia (homeschooling) se comprende y se acepta. Mis dificultades tienen que ver más con el hecho de que a las edades de mis hijos lo más importante no es la cuestión académica, sino sentar las bases de la disciplina, la obediencia a la primera y la buena actitud. Y eso no es fácil de conseguir, por lo menos para mí. De poco sirve que un niño avance académicamente si tiene mala actitud u obedece a regañadientes.

Otra dificultad radica en el hecho de que yo tuve a mis hijos muy tarde, con 38 y 41 años, casi 42. A eso le añades mi hipotiroidismo, y el resultado es que no tengo tantas energías como me gustaría. En EE.UU., además, la ayuda doméstica es muy cara, y yo no me la puedo permitir, así que, como digo, a veces me siento cansada. Sé que las cosas mejorarán cuando los niños sean más mayores.

– ¿Cómo ha sido la reacción de vuestro entorno más cercano, tanto familiar como con los amigos?

La mayoría de la gente de nuestro entorno ha reaccionado bien. Y no, nadie se ha alejado de nosotros por ese motivo. Quienes no lo comprenden tanto es debido al desconocimiento de lo que es. Me refiero con eso a personas de otros países que viven aquí.

Ayuda en el día a día con los niños no tengo, pero cuento con varias buenas amigas que sí cuidan de mis hijos cuando yo tengo algún compromiso, voy de excursión solo con el mayor, o en las raras ocasiones en que salgo por la noche con mi marido.

– ¿Cómo afrontáis los comentarios de la gente de la calle?

Como ya digo, aquí en EE.UU. no hay prácticamente problema con esa cuestión. De hecho, hace poco vi a mi médica para un chequeo rutinario, y al ver ésta a los niños allí conmigo, me preguntó: “¿Hacéis homeschooling?”. “Sí”. “Eso está muy bien, porque en los colegios públicos se pierde mucho el tiempo”.

Ese mismo día fui al traumatólogo por un problema en un ligamento de un pie. Él sí se sorprendió al ver a los niños conmigo, y le preguntó a mi hijo mayor: “¿Hoy no tenéis colegio?”. “Hacemos homeschooling”, contestó éste. Y yo entonces, con un poco de humor, añadí: “Así que ésta es hoy su clase de ciencias”. Y le pedí al médico que les explicara a los niños una lámina que tenía en la pared y que mostraba los músculos, tendones y ligamentos del pie.

Si viviera en España no creo que evitara salir a las horas escolares. Supongo que haría mi vida normal, y contestaría con un simple: “No, no tienen colegio”, si me preguntaran, pues al fin y al cabo no estaría mintiendo al decir eso. Si alguna vez me cruzara con alguien que pareciera más abierto o dispuesto a escuchar, quizá explicara más.

¿Cómo es la situación laboral en tu familia? (trabajáis los dos, trabaja sólo uno, uno de los dos realiza sólo trabajos esporádicamente,…)

En casa sólo contamos con un sueldo, el de mi marido, así que tenemos que controlar muy bien nuestros gastos. Pero no siempre ha sido así. Cuando yo me casé estaba ganando dinero sin salir de casa, pues traducía libros. Al nacer mi primer hijo dejé de traducir y pasé a corregir traducciones, pues aunque era menos dinero, resultaba mucho más llevadero al tener un bebé al que atender.

Debido a la crisis económica y por razones de cambio de política interna en la editorial, llevo dos años en que apenas me mandan trabajo. Pero mi meta es indagar en otras editoriales, pues ese es un trabajo bastante compatible con la educación en casa. Y cuando los niños sean un poco más mayores, también me gustaría dar clases de castellano.

Sí, como bien sabes, muchas familias renuncian a un segundo sueldo para poder educar a los hijos en casa. Pero la verdad es que aunque no lo parezca, eso también supone cierto ahorro, pues se pagan menos impuestos, no hay tantos gastos de transporte, vestuario o comidas fuera de casa. Uno puede ahorrarse la empleada de hogar y la guardería, además de tener tiempo de hacer comidas caseras, que son más baratas y saludables. Y, por supuesto, no hay gastos de matricula escolar (me refiero a los colegios privados no concertados). Considero que es posible vivir de manera más sencilla: no necesitamos tanta ropa ni tantos juguetes, no hace falta tener un coche del año…

2. Es habitual la situación de las mujeres que con una buena preparación académica y perfil profesional renuncian a sus posibilidades laborales por la aventura de educar en casa. ¿Te encuentras tú entre ellas?

Preparación académica sí tengo buena (doctorado), pero nunca he tenido un perfil profesional alto. Y sí, estoy renunciando a la posibilidad de dar clases de lengua o literatura españolas en alguna universidad cercana. Pero NO tengo por qué renunciar a mi labor como traductora o editora, aunque sí al número de horas que le dedicara a esa labor.

Sin embargo es más difícil percibir testimonios contrarios, y me refiero al de la madre que educa en casa que estaría dispuesta a dejar de hacerlo y escolarizar a sus hijos por conseguir un trabajo remunerado en aquello que le gustaría trabajar. ¿Es este tu caso? ¿Estarías dispuesta a sacrificar la educación en casa por poder trabajar en lo que quieres?

De momento, no. Pero si no tuviera más remedio por cuestiones económicas, por supuesto que lo haría.

Cuestiones de legalidad

El homeschooling no tiene un reconocimiento legal en el Estado Español, por lo que algunas familias han sido investigadas e incluso han tenido que enfrentarse a un juicio. Pese a todo, en las encuestas que realicé en su momento el tema legal no aparece entre las mayores dificultades a las que han de enfrentarse las familias que educan en casa.

¿Cómo vivís vosotros la posibilidad de tener problemas legales por no escolarizar?

Por vivir donde vivo, espero no tener ese tipo de problemas.

¿Eres miembro de alguna asociación para tener soporte legal llegado el caso?

No, no lo soy. Pero sí soy parte de dos asociaciones, aunque no de carácter legal. Una de ellas es una cooperativa de educación: una vez por semana nos reunimos 40+ familias par que nuestros hijos reciban clase de educación física, dibujo, música y de una asignatura variada a la que llamamos “caleidoscopio”. Por un precio anual realmente módico les pagamos a las maestras de música y de dibujo, y los padres nos hacemos cargo del resto.

También soy parte de una asociación más amplia. Con ella participo en visitas culturales y en ir al teatro.

¿Favorecerías un cambio legislativo que reconociera la educación en casa expresamente con cierto nivel de control por parte de la Administración?

Supongo que sería bueno. Aquí en Estados Unidos ese control del que hablas no depende del gobierno federal sino de cada estado. Hay estados que no controlan casi nada, y otros, que mucho. Yo vivo en el estado de Nueva York, donde se controla bastante: plan previo anual, informes trimestrales y examen o evaluación a final de curso. A pesar de eso, resulta llevadero. Le ayuda a uno a ser más organizado y facilita el que se consiga sin problemas el título de educación secundaria. Una de las asignaturas obligatorias es, por ejemplo, la de la Constitución de los EE.UU., pero te dan varios años de margen para cursarla; no hace falta que sea en un año escolar específico.

Pero como yo no vivo en España, supongo que no soy la persona más indicada para hablar de ello.

El entorno de aprendizaje

He visto que algunas familias dedican un cuarto de su vivienda a la actividad educativa, bien en su totalidad o parcialmente. ¿Cómo es en vuestro caso?

No. La enseñanza la realizamos principalmente en el comedor y en el cuarto de estar. Y si hace bueno, a veces hacemos parte de las clases fuera. Nuestros hijos tienen unos pupitres en el cuarto de jugar, pero de momento no los usan.

Para finalizar, unas preguntas

a) ¿Tenéis en casa alguno de los siguientes aparatos?: Televisor, ordenador, consolas de juegos o conexión a internet?

Tenemos televisión y ordenador con Internet.

b) ¿Cuánto tiempo dedican los niños diariamente a cada uno de esos aparatos?

Al ordenador, la mayoría de los días nada, pero de vez en cuando les dejo que vean fotos familiares en él. Y el mayor puede hacer juegos en él alguna que otra vez, pero muy poco.

Televisión: algunos días nada, otros días media hora, otros, una, depende. No ven mucho de la programación regular de la televisión, pero tenemos algunas películas que son buenas para ellos, y unos dibujos animados para aprender alemán. A veces ven televisión de “rebote”: los deportes que ve mi marido, o un programa concurso de preguntas y respuestas que veo yo.

c) Háblanos un poco de vuestra vivienda (es un piso, una casa aislada o un “adosado”, está en un medio rural o en un medio urbano).

Vivimos en una casa aislada con jardín, cosa muy habitual en EE.UU. a no ser que se resida en el centro de las ciudades. Podría decir que estamos casi en el campo, en el término municipal de un “town” (población pequeña), a media hora de distancia de una ciudad.

d) Cual crees que es el mejor lugar para educar a tus hijos y por qué.

A mí me encanta que mis hijos se estén criando tan cerca de la naturaleza, pero considero que cualquier entorno, tanto urbano como rural, puede ser bueno para un niño. Lo importante es aprovechar las ventajas de donde uno viva. También pienso que a los niños que viven en ciudades hay que sacarlos al campo de vez en cuando, y viceversa.

Gracias por contestar a esta entrevista. ¿Hay alguna otra cuestión que quisieras añadir, que se me ha pasado por alto o que te interesa comentar? Hazlo aquí con toda libertad.

Podría añadir mil cosas, pero intentaré ser breve.

1. Mi base es el estilo clásico, con mis toques personales y una chispita de Charlotte Mason. De hecho, durante la primera etapa del estilo clásico –el trivium- apenas hay diferencia con el método de Charlotte Mason. Me guío principalmente por el libro Cómo enseñar el trivium, de Harvey y Laurie Bluedorn (www.triviumpursuit.com). Por ser yo española, mi intención es darles a mis hijos una educación bilingüe y bicultural. Educar sin colegio me ofrece mayor flexibilidad a la hora de visitar a mi familia en España, y se ajusta mejor a nuestra dinámica familiar, pues la jornada laboral de mi marido es de martes a sábado.

2. Me resultan imprescindibles el apoyo e intercambio de información con otras familias educadoras, bien por contacto personal o virtual.

3. No tengo nada en contra de los colegios. Soy consciente de cuánto le debo yo al mío, y también de que, desgraciadamente, para algunos niños es el mejor lugar en el que pueden estar. Los colegios cumplen una función importantísima, PERO no son las únicas instituciones que pueden proveer formación académica; las familias también pueden hacerlo. Pensando en mí misma, yo podría haber aprendido el doble en las asignaturas de letras, mientras que en las de ciencias habría preferido que hubieran ido un poco más despacio (Los colegios no suelen respetar el ritmo de aprendizaje de cada niño). Por otra parte, muchas de las cosas que aprendí y no he olvidado se dieron en el entorno familiar: excursiones, explicaciones de mis padres o de mi abuela.

Creo que tampoco es una cuestión de quién lo hace mejor, sino de la filosofía educativa, de lo que deseamos para nuestros hijos y para nuestras familias. Con la educación en casa, la familia nuclear deja de ser un grupo de personas que pasan separadas gran parte de las horas del día, y se convierte un grupo de personas con un proyecto común. La educación en casa fortalece los vínculos familiares, mientras que los colegios los debilitan. Los niños que pasan muchas horas separados de sus padres corren el peligro de que llegue un momento en que les interese más la opinión de sus compañeros de clase o de sus maestros que la de su padre o su madre.

Opino que los niños pequeños no deben pasar tantas horas al día alejados de sus familias. Y probablemente tampoco los adolescentes, pues esa es una época de la vida especialmente vulnerable.

4. Una de las cosas más bonitas de educar en familia es el hecho de que no se rompa prematuramente la unidad entre hermanos, como pasa cuando están tantas horas al día separados en diferentes grados escolares. Yo aspiro a que mis hijos sean buenos amigos entre ellos, y así estoy sentando las bases. Los niños que tienen hermanos han de hacerse amigos de estos antes que de otros niños, pues los hermanos siempre forman parte de la vida de uno, mientras que hay amistades que nacen y mueren.

Además, los niños mayores tienen una tendencia natural a enseñarles a los más pequeños, y estos, a su vez, se ven expuestos a conocimientos académicos superiores a los de su edad. Samuel, mi hijo pequeño, se ha aprendido unas cuantas cosas por “ciencia infusa”, sin que yo se las haya explicado.

5. Me parece que el sistema escolar actual favorece más a las niñas que a los niños, pues estos son más inquietos y no les va muy bien eso de pasar tantas horas sentados escuchando a una persona. Si veo que mi hijo mayor tiene exceso de energía le puedo decir: “Sal al jardín y échate unas cuantas carreras, y luego seguimos con esto”.

6. Me molesta mucho el tópico típico de que los niños no escolarizados no sepan socializar. Está demostrado que es lo contrario, pues estos niños están acostumbrados a tratar a gente de varias edades, y no miran por encima del hombro a niños más pequeños que ellos. No ir al cole no significa no participar de la sociedad. Hay muchas maneras de hacerlo. Pero soy consciente de que en EE.UU. probablemente lo tenemos más fácil en eso. Como aquí hay tantas madres que dejan de trabajar cuando nacen sus hijos, hay muchas actividades para niños que tienen lugar en horas escolares: cuentacuentos en las bibliotecas públicas, grupos de juego, actividades en iglesias, clases de gimnasia o de música para niños… En España, las madres que “no trabajan” se pueden encontrar más solas en esto.

7. Tampoco es cierto que los niños educados en familia estén metidos en una “burbujita”, alejados de la “vida real”. ¿Y si fuera lo contrario? ¿Y si los niños escolarizados fueran los de la burbuja? La vida real no es pasarse 180 días al año, 6 horas al día metido en una habitación con 20 personas exactamente de tu misma edad. La vida real es conocer mejor a los diferentes miembros de tu familia, acompañar a mamá al médico y a los recados, ayudar en la empresa familiar si la hay, aprovechar el buen tiempo para hacer actividades al aire libre.

8. Los niños escolarizados llegan a casa con conocimientos académicos y con amigos nuevos, pero también están expuestos a más gérmenes y a peores influencias, y con eso no me refiero solo a que aprendan palabrotas, sino también a que piensen que no son nadie si no tienen zapatillas marca Plin o vayan de vacaciones a cierto sitio. Los niños escolarizados pueden toparse con un bravucón que les cree un gran daño anímico. O con alguien que les ponga en ridículo en público, creándoles una heridita que les afectará durante mucho tiempo. Los padres hemos de proteger a nuestros hijos lo mejor que podamos, y no es fácil hacerlo si los alejamos de nosotros durante tantas horas al día.

9. Me molesta que haya quien no conozca personalmente a ninguna familia educadora, no haya leído nada sobre este tema, y sin embargo sea invitado a opinar en público. Eso lo he visto en programas de debate en la radio y televisión españolas. (¿Qué sabrá Alejandro Lequio de esto?)

10. Los niños no escolarizados tienen más tiempo para ser niños, pues como no están sobrecargados de horas ni de deberes, pueden dedicarse a tres actividades esenciales para la infancia: jugar, jugar y jugar. Con el juego, los niños descubren, exploran, aprenden, construyen.

No hay que pensar que pasar muchas horas en el cole significa que se esté aprendiendo más. Aquí tendríamos que establecer una distinción entre tiempo neto y bruto. ¿Qué del tiempo escolar en que los niños pasan poniéndose en fila y desplazándose, de un sitio a otro, lavándose las manos en masa antes de comer, oyendo avisos, escuchando regañinas generales o a otro estudiante, oyendo el repaso de algo que ya se sabe, distrayéndose con el niño de al lado… Les estamos quitando a los niños la posibilidad de sacarle todo el partido a su infancia.

11. Y por último, “last but not least”, tenemos la cuestión de los principios. Para mí, a largo plazo lo más importante no son los conocimientos académicos sino la formación de carácter. ¿Qué mejor lugar para eso que la familia? Los colegios no están contribuyendo mucho a esto. Hace años, sí, pero la situación ha empeorado mucho.

Nosotros somos, además, una familia cristiana y creemos que la Biblia es la Palabra de Dios. Este libro tiene instrucciones muy precisas sobre cómo hay que educar a los hijos: “Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6, 4); “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. (Deuteronomio 6, 6-7); “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

¿Cómo se lleva esto a cabo de manera más fácil y efectiva: con los niños cerca de nosotros o no? Creo que la respuesta es obvia. Es difícil educar en esos valores si un niño pasa tantas horas fuera de casa. Es difícil educar en esos valores si un niño va a un colegio donde está prohibido hablar de Dios (los colegios públicos de Estados Unidos). Es difícil educar a un niño en esos valores si la presión y el ejemplo de los de fuera van a ser tan grandes. Como alguien dijo: “A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”. Los niños son de Dios, no del estado.

Por supuesto, con esto no quiero decir que sea imposible dejar una impronta cristiana si los niños están escolarizados. Conozco a muchos padres cristianos que no educan en casa, sin que esto les impida criar a sus hijos “en la amonestación del Señor”. Pero me parece que esos padres tienen trabajo “extra”, pues los niños llegan a casa con un bagaje no deseado.

Por último –esta vez de verdad- no quiero que nada de lo anterior se considere un ataque contra los colegios ni contra las familias que envían a sus hijos allí. Hay colegios y colegios, hay familias y familias. Hay familias en las que son necesarios dos sueldos. Y hay opciones.

7 pensamientos en “Entrevista # 9: Carolina

  1. Carolina, qué buena tu entrevista, gracias! me he sentido reflejada practicamente en todo!! ¿Tienes blog? me encantará visitarte :)

    Nota a Madalen: quizás habría que incluir un link a los blogs-webs de los entrevistados ;)

    Besitos a las dos :*

  2. Sí, Carolina, te has expresado formidablemente y yo también me he visto completamente reflejada en lo que escribes.
    Gracias por explicar tan bien la dinámica de la educación en el hogar, ojalá y los que despotrican contra esta vía educativa leyeran un poquito de lo que has escrito.
    Besos,
    silvia

  3. Muchas gracias, Carolina, por tu entrevista. La encuentro muy interesante y clara. Como Silvia y Meni también me he visto reflejada en muchas de tus respuestas. Quizá porque nuestros hijos tienen edades similares y porque tampoco han estado nunca escolarizados.
    Muchas gracias!
    Àfrica

  4. Gracias, Silvia:

    Pues nada, si sabes de alguien a quien le vendría bien leerla, le pasas el dato.

    África: gracias a ti también. Si tus hijos tienen esas edades, estamos apenas empezando. Nos podemos dar ánimos mutuamente.

  5. Muchas veces me pierdo artículos tan interesantes como este. Carolina me han encantado tus respuestas y creo que ya te he comentado en alguna ocasión que estaría bien que tuvieses un blog, aunque comprendo que es mucho tiempo el que te “roba”.
    Muchos besos y a seguir así de bien.

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