El interés del menor

En el libro de las 10 claves, desarrollo uno de los puntos en el que creo que debe centrarse todo el debate en torno al homeschool, y que debe ser prioritario. A pesar de que tradicionalmente se ha llevado al terreno de los padres a que la educación que reciban sus hijos sea conforme a sus convicciones, el centro de gravedad de esta institución, como de cualquier idea educativa es el del “interés del menor”, que siempre debe ser prioritario.

El concepto del interés del menor, como concepto jurídico indeterminado se va abriendo a diferentes interpretaciones. La más actual es la que coloca al menor como el propio protagonista de sus propias decisiones. Hasta hace poco tiempo el menor era tratado como objeto pasivo de decisiones ajenas, con muy escaso protagonismo sobre su propio destino.

Actualmente las percepciones y sensibilidades van cambiando y, a medida que las familias disminuyen el número de hijos en las sociedades más desarrolladas de occidente, comienza a primar un principio que aumenta el valor que la sociedad les asigna. Como preciados miembros de la familia de un lado mientras viven su etapa infantil, y como su potencialidad de futuro, ya que serán quienes regirán la sociedad que les va a tocar vivir como adultos.

Por ello, va en aumento su relevancia en la sociedad actual que ve cómo se va modificando con ella el concepto del interés del menor, que por su misma concepción de principio jurídico indeterminado va a adaptándose a cada caso en concreto, y a cada momento histórico.

La pregunta que nos hacemos es: ¿Quién le pone el cascavel al gato? ¿o en otras palabras ¿Quién decide en qué consiste el interés del nenor?, ¿Sus padres? ¿Otros parientes cercanos? ¿Los servicios sociales? ¿Las Fiscalía de Menores? ¿Inspección de educcación? ¿El juez o la jueza?.

La respuesta nos la da el jurista que mejor ha estudiado este tema: Francisco Rivero Hernández. Veamos qué nos dice, pues la verdad es que no hay nada más refrescante que acudir a las frías fuentes del saber académico:

Se trata de hacer realidad la idea de la determinación consciente y responsable de la propia vida. En congruencia con ello “el principio en esta materia es claro (contrario a la consideración de hace unas décadas): la regla general será que actúe y decida el menor siempre y en todo lo que pueda, y en aquello que no pueda, háganlo otros (sus representantes legales o quien sea); y no a la inversa”[1]

En consecuencia, ninguno de las anteriores, será el propio menor, siempre tenga la madurez sufieciente para hacerlo.


[1] Francisco RIVERO HERNÁNDEZ, El interés del menor”, cit. P. 117.

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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

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