Al hilo de la buena Ley (II)

 

 Es la segunda vez que el programa de reality jurídico,”De buena Ley” -en el pasado “Palabra de ley”- encara el tema de la educación en casa. En el primero de ellos emitido en septiembre de 2010, basándose únicamente en el artículo 27 de la Constitución, falla a favor de la madre que pretende educar en casa, con prácticamente el mismo veredicto que el actual. En aquella ocasión el público jaleaba las aportaciones de quienes exigían la escolarización de los menores implicados, pues se trataba de dos hermanos que provenientes de Estados Unidos habían encontrado en el sistema escolar español tal cúmulo de despropósitos que los padres habían decidido desescolarizar y pasar a educarlos en casa con la asistencia de una escuela a distancia sita en los USA, país de origen de la familia. Como ahora, los comentarios derivados del programa inciden en el hecho de que quienes participan en él son actores, y que parece que es una ficha que el gobierno mueve para preparar a la opinión pública hacia una supuesta legalización, llevando en general a una valoración positiva.

Ambos programas repiten un mismo argumento esgrimido a favor de la opción, y es el de que lo que no está prohibido, debe estar permitido, y un segundo consistente en que es una opción admitida en la mayoría de los países europeos a excepción de Alemania.

De esto hace tres años. Hoy, ante el mismo programa, con un formato similar, ¿Nos podemos parar a pensar en que es un buen augurio? Lo dudo, si la experiencia nos sirve para algo debe ser para ver maniobras en lo que parecen manos tendidas. El Estado se apoya en estos programas de gran impacto mediático para expresar un idea. En este caso la idea es que no es cierto que se persigue a nadie por educar en casa, y quien lo dice, miente (en virtud del programa cualquiera puede decir: lo ha dicho una jueza… educar en casa es perfectamente legal…). Para que una falacia así prospere, hace falta la absoluta complicidad de la población, que a causa de no empatizar con la víctima, no pone en cuestión el mensaje del opresor. Es un proceso deslegitimador de la víctima, que se banaliza y en lugar de aparecer como sujeto de un proceso represor, aparece como un “quejica”, que por no tener otra cosa mejor que decir, se “queja” de ser objeto de presiones por parte de jueces, fiscales  y funcionarios de todo tipo.

El debate se centra ahora en si los participantes o protagonistas del evento son o no actores, o si el veredicto tiene alguna eficacia. Es interesante, pero desgraciadamente no tengo en mis manos los datos para afirmar o negar esos hechos. En cuanto a “la jueza” de turno del programa, sí que puedo afirmar que no lo son tal sino titulados en Derecho aunque Diego Rosas que protagonizó el original Veredicto entre 994 y 1995, era un magistrado jubilado, el resto, han sido abogados, como por ejemplo Gustavo Larraz. Por otro lado, el veredicto no tiene ninguna validez porque no son laudos  arbitrales dictados en un proceso formalizado de arbitraje en el que se presenten pruebas y se valore su eficacia en la toma de la decisión.

Creo que estamos llegando a uno de los aspectos fundamentales de la cuestión legal del HS: el efecto de la represión sobre la opinión pública (aspecto que desarrollo en uno de mis libros). En primer lugar el papel de la abogada que hace de jueza estaba marcado con tiralíneas. Su discurso no tenía mucho que ver con lo que se vio en el programa sino con un escrito preparado de antemano (cuyo sentido además anunció antes de finalizar las alegaciones de las partes).

En segundo lugar: los papeles de Beni y Merlos. Ella, que es el azote de la derecha desde el PSOE de toda la vida, se inclina a favor del HS, Merlos que representa la derecha del PP, en contra. Algo está cambiado en los roles asignados. Mi opinión es que una de las formas con las que cuenta el Estado para contrarrestar los efectos negativos de su acción represiva es negar la propia represión, sobre todo cuando hay voces cualificadas discordantes. Beni representa esa contestación ilustrada. Son sectores, que aun siendo contrarios al HS (como ella se encargó de matizar bien claramente), están dispuestos a defenderlo si se trata de una cuestión del lícito ejercicio de derechos derivados de la Constitución.

Uno de los métodos para evitar el descrédito que una actuación injusta dirigida sobre un colectivo pequeño, puede causar en ámbitos más amplios de la población consiste en negar la represión que se ejerce. Así, con la negativa, se evita el efecto contraproducente que pudiera causar, sobre todo sobre los sujetos más vigilantes de la sociedad, al tiempo que se puede seguir actuando sobre la víctima con total impunidad. Para poder hacer efectiva una mentira de este tipo hace falta además, que la población en general, por estar en contra del ejercicio del derecho de origen (bien sea la rebeldía política o el homeschool), está más que dispuesta a creérsela, y que quienes educan en casa son unos quejicas que además de que hacen lo que les da la gana, -porque pueden hacerlo por una supuesta situación de privilegio económico (otro de los mensajes que se transmitió)- quieren que los demás se lo reconozcan. Miel sobre hojuelas.

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Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

4 pensamientos en “Al hilo de la buena Ley (II)

  1. Como siempre acertadisima Madalen. Creo que nuestro mayor enemigo es efectivamente esa imagen de privilegiados económicos que se han sacado de la manga y que no logramos sacudirnos… ¡válgame el cielo! … con las de cuentas que hay que hacer para educar en casa.

  2. Sí, que me lo digan a mí, que llevo un año en el paro, por no encontrar el trabajo que me permita estar con mi enano el máximo de tiempo posible y me permita pagar facturas e hipoteca. Cuando se acabe la prestación, no sé que va a pasar. Pero soy una quejica, por que con los tiempos que corren, debería coger lo primero que salga, meter a mi hijo en el colegio, y pagar pagar pagar y perderme toda su infancia. Eso es lo que debería hacer… según TODO el mundo que me rodea. Soy una quejica

  3. Pingback: De buena ley y los 10 tópicos | La opción de educar en casa

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