Contra la educación

Jesus García es un escritor e investigador independiente, especialista en salud, ecología y educación y autor del libro “El Rapto de Higea”

CONFIAR EN LOS NIÑOS PARA QUE CREZCAN A SU PROPIO RITMO

La ciencia de la educación se ha basado durante décadas en someter los impulsos naturales del niño a las normas de la sociedad. Esta orientación autoritaria y represiva genera violencias y corazas que todos arrastramos.
Sin embargo, existe otra línea educativa: respetar los impulsos de los niños y acompañarlos en su crecimiento. Confiar en la autorregulación infantil es confiar en la energía que sustenta el universo.
…dos concepciones opuestas de la educación: considerar que el individuo es quien debe adaptarse a la sociedad o, por el contrario, cambiar la sociedad para adaptarlas a las necesidades y al desarrollo natural del individuo… Whilhelm Reich defendió la segunda opción: desde su perspectiva, la educación consiste en respetar y potenciar las capacidades naturales, lo que posibilita individuos felices y una sociedad emocionalmente sana.
Por otra parte, la base pedagógica para la autorregulación se debe fundamentalmente a Alexander Neill, quien impactado por los horrores que contempló durante la primera guerra mundial y convencido de que las raíces de la violencia se hallaban en la educación, fundó en 1921 la escuela de Summerhill aplicando los principios de la confianza en la bondad natural de los niños, en sus enormes potencialidades, en su inagotable curiosidad.
La autorregulación es escuchar, respetar a los niños, valorar sus intereses y sus ideas, dejar que lo toquen todo, que se arrastren, se manchen, se mojen, exploren…Dejar que controlen los esfínteres a su ritmo. Respetar el desarrollo de su capacidad para caminar erguidos , sin intervenciones y aparatos de ayuda, permitiéndoles que se arrastren por el suelo, que gateen mientras tengan esa necesidad , hasta que consigan por sí mismos la seguridad necesaria para levantarse.
Estar siempre a su lado si lo necesitan, escucharlos, acompañarlos, consolarlos, apoyarlos, pero sin imponerles nuestras necesidades, nuestro ritmo, ni nuestra ayuda y cariño. Permitir que tomen sus decisiones, que expresen sus emociones: la alegría, el asombro, la satisfacción, pero también el llanto, el enfado, el miedo…Reich decía a su hijo Peter: “No tengas miedo de tener miedo”. Maravillosa síntesis de toda una vida de investigación.
 Fragmentos extraídos del artículo publicado en el número 71 (junio, 2011) de Mente Sana

 

Acerca de madalen

Profesora de Derecho Civil de la EHU-UPV

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